¿Qué se pone en marcha con el triunfo de Macron?

Gabriela Prado PradoDra. Gabriela Prado Prado
Profesora de Derecho Económico
Universidad de Atacama
Experta en integración europea

En las últimas elecciones presidenciales francesas hay que destacar tres datos: El ganador obtuvo una notable mayoría en segunda vuelta, sólo comparable al hito de Chirac el 2002. Se registró la mayor abstención de los últimos 30 años. Por primera vez, el Presidente electo no tiene un partido político, sino que encabeza un movimiento político-social. Se trata de En Marche, que se llamará La République en marche, quitando acertadamente el monopolio del término Nación o República a la extrema derecha nacionalista. Teniendo en cuenta esos tres datos cabe preguntarse ¿por qué un Presidente que gana con casi el 67% de los votos dice que trabajará para unir a la nación?. La respuesta está en los números, pero sobre todo en la acertada lectura que de ellos hace el Presidente electo. En este escrutinio, la suma de nulos y blancos supera los votos de Le Pen, y si se considera que muchos votantes de Macron marcaron su preferencia con la idea de optar por el “mal menor”, la respuesta es clara: Una gran mayoría eligió a Macron, pero no tiene el respaldo que el porcentaje podría indicar. Hay mucha fragilidad en su elección y debe hacerse cargo de ese dato para crear confianza política y social en el nuevo gobierno francés. Su frase “haré todo lo posible para que no tengan ninguna otra razón para votar por los extremos" grafica la verdadera batalla en clave de política interna que su gobierno deberá enfrentar: Desactivar el extremismo que alentó Le Pen y que favoreció Sarkozy y Melenchon, con su llamado a la abstención. Se pone en marcha el combate contra el nacionalismo, que se nutre del terror y la crisis económica.

Es así como Macron debe su triunfo a quienes le dieron la más alta mayoría conocida en los últimos quince años, al líder de un movimiento creado al margen de los partidos tradicionales, siendo su mayor desafío formar mayorías parlamentarias que le permitan gobernar y aprobar las reformas comprometidas. Antes de la elección no tener partido era una debilidad, pero hoy puede ser una fortaleza, ya que le da flexibilidad para negociar con los partidos y con las organizaciones convocadas al diálogo social, que debe acompañar las reformas anunciadas y eficazmente combatidas hasta ahora por sindicatos y asociaciones. Se pone en marcha el rescate de la confianza pública y la renovación de las instituciones francesas.

Pero en esta elección, los franceses provocaron un efecto mayor. Permitir a la UE tener un segundo aire, tomar impulso y recuperarse del golpe que le propinó el Brexit. Desde su fundación hay una certeza: La UE prevalecerá siempre que se mantengan unidos Francia y Alemania. La promesa electoral de Le Pen de “encerrase en la nación” y salir de la UE fue una amenaza directa a la integración, que ha asegurado la paz europea en los últimos sesenta años. En esta elección los franceses no sólo marcaron una opción inédita para su país, también definieron el futuro inmediato del continente. Europa celebra esta nueva oportunidad y ojalá la aprovechen, abordando las reformas necesarias para reforzar el proceso de integración y mantenerlo a salvo de las sirenas nacionalistas, inspiradas en las ideas que redujeron Europa a cenizas. Se pone en marcha también el rescate de las ideas humanistas que han iluminado los mejores años de Europa y del mundo.